Catacumbas de París. Cosas diferentes que ver en París

En estas fechas en que se acercan varios puentes (Día del Padre, Semana Santa, puente del 1 de mayo…) es el momento de organizar pequeños viajes, escapadas de fin de semana con las que evadirnos de la rutina y el estrés del trabajo.

Viajes baratos a París: aprovechando las compañías low-cost

Los vuelos baratos (sobre todo si se reserva con antelación) hacen posible que una visita de dos días a diferentes capitales europeas no sólo viable, sino además económico. Londres, Roma, Dublín… son sólo algunos de los destinos más solicitados.

Pero sólo algunos, porque al hablar de capitales europeas, la primera que acude a nuestra imaginación es precisamente la que nos ocupa: París, la ciudad de la luz, de Los tres mosquereros, de El jorobado de Notre Dame. La ciudad del amor y el romanticismo, pero también la ciudad de la oscuridad y la muerte, como veremos a continuación.

El Louvre, Montmartre, la torre Eiffel… la visita tradicional

La Torre Eiffel, el Arco de Triunfo, el Museo del Louvre, los Campos Elíseos, Montmartre, el Moulin Rouge… la lista de lugares emblemáticos que podemos visitar en París parece no tener fin. Son lugares que, además, forman parte ya del imaginario colectivo, y volver de una visita a la capital francesa sin una colección de fotos con todos esos monumentos y puntos de interés es pecado capital.

Por desgracia, son lugares y monumentos que el mal tiempo puede deslucir. ¿Qué podemos hacer si el día amanece con lluvia?

Cosas que ver cuando el tiempo en París es lluvioso: El cementerio del Padre Lachaise

¿Por qué no hacer que la lluvia nos ayude a disfrutar aún más de nuestra visita a París? Una tarde lluviosa es perfecta para visitar uno de los cementerios más famosos de la ciudad, Le Cimetière du Père Lachaise, donde están enterrados insignes personajes como Oscar Wilde (imprescindible visitar su mausoleo, donde veremos la impronta de carmín que han dejado con sus besos los miles de visitantes a lo largo del tiempo), Edith Piaf, Maria Callas o Jim Morrison.

El cementerio, además, es una obra de arte en sí mismo. Pasear entre sus tumbas una tarde lluviosa (el cementerio desierto, la lluvia repiqueteando contra el paraguas, el cielo desplomándose sobre los ángeles de piedra) es una experiencia inolvidable.

Las catacumbas de París. Cómo, dónde y cuándo

Si bien en un principio la intrincada red de túneles bajo París no era sino los restos de una antigua red de minas, en 1786 Monsieur Thiroux de Crosne, teniente general de la policía, y por Monsieur Guillaumont, inspector general de las minas, decidieron darle otro uso.

Debido a la excesiva a acumulación de restos humanos en los cementerios de París, y a los problemas de salud que conllevaba el manejo de cadáveres (sobre todo en el Cementerio de los santos Inocentes) se decidió trasladar todos los cuerpos a las catacumbas. Durante 15 meses, cada noche se acarreó con los cuerpos en carruajes que atravesaban París. Los restos mortales de 6 millones de parisienses fueron trasladados y depositados en las galerías horadadas en el subsuelo de París.

De los más de 300 kilómetros con que cuentan las catacumbas, sólo un kilómetro y medio están abiertos al público, pero la visita de ese kilómetro y medio es difícil de olvidar:

Paredes de tibias cuidadosamente amontonadas, huesos humanos formando pequeñas esculturas en mitad de las cámaras subterráneas, cráneos colocados artísticamente entre las montañas de huesos para formar símbolos o grecas…

También existen visitas “clandestinas” a zonas cerradas al público, aprovechando que muchos de los accesos a las catacumbas se encuentran ubicados en sótanos, alcantarillado o incluso en el metro. Sin embargo, quien guste del sentido de aventura debe saber que estas visitas están prohibidas y que en caso de ser sorprendidos en una de ellas tendrá que pagar una multa de 60€.

Conclusión

Como hemos visto, existen muchas versiones del mismo París, desde la luminosa representada por Montmartre, Notre Dame y los Campos Elíseos, hasta la lúgubre y tenebrosa que podemos conocer al visitar las catacumbas, pasando por la nostalgia y la melancolía del Cementerio del Padre Lachaise en una tarde lluviosa.

No conocer alguna de estas versiones es no conocer París en absoluto, pues París es todas y cada una de ellas… y mucho más.




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